miércoles, marzo 09, 2011

Módulos Perpétuos

El valor de culto de la imagen tiene su último refugio en el culto al recuerdo de los seres amados, lejanos o fallecidos(1)

¿Quién se atrevería a reflexionar sobre las temáticas que rodean la muerte y su representación social en el día de hoy? Al parecer los artistas se han inspirado en ella a partir de la (des)construcción de una imagen –o varias- que puede representar una cosa pero arrastrar infinitas resoluciones conceptuales. En este caso la muerte está en todas partes y nuestras conclusiones morales y éticas han aprendido a aceptarla como el fin del proceso homeostático; aunque para otros, continua siendo concebida como un mero tránsito al juicio final.
El óleo El Triunfo de la Muerte(2) pintado por Pieter Brueghel el Viejo, en 1562, provoca profundas sensaciones de abandono y resquemor. Este pintor flamenco
conceptualiza cabalmente la muerte, tema que por cierto dominó la literatura en la edad media. El pintor recorre a través de sombras y grises oscuros un paisaje
habitual pero, al mismo tiempo, esencial para la comprensión de la historia representada en este legendario cuadro del siglo XVI. Los hombres y mujeres, en El Triunfo de la Muerte, invocan el total desamparo del ser humano. De una sola vez, Brueghel se inmiscuye en la pena, horror y desdicha. Pero con estas menciones pictóricas acerca de la muerte y, todo lo que la rodea, nos preguntamos donde la encontramos en nuestro país a nivel plástico. Aquí en conjunto a toda esa escenografía barroca hispanoamericana, la muerte se ha insertado, gradualmente como representación artística en la vida socio-cultural del hombre.
Ejemplo de ello son Los cuadros La Buena y La Mala Muerte(3)atribuidos al taller de los hermanos Cabrera en Quito que engloban en parte las inquietudes que rodean la
muerte. Al desplazar la mirada sobre cada una de las situaciones pintadas en La Buena y La Mala Muerte, se aprecia cierta hostilidad entre la esencia misma de ese acto y su acondicionamiento político como imagen de una religión. Además el terror a la perdida de los placeres terrenales es significado y consecuencia de lo perecedero que son los goces y excesos del hombre moderno. Con esto el análisis práctico de las iconografías que rodean la muerte, se transforman, en una de las tantas herramientas con las cuales se observa el trabajo artístico. Al margen de la pintura, durante la primera mitad del siglo XIX y con el descubrimiento de la fotografía, nuestra primera apreciación acerca de la muerte se desplaza entre una variedad infinita de formatos plásticos y audiovisuales, desplazando un concepto que ya posee varias aristas. Frente a estas concepciones, propias del trabajo artístico, y a pesar de lo artesanal que nos pueda parecer la técnica de la estenopeica, ésta ha logrado vislumbrarnos entre su ambigüedad de luz y oscuridad para dar forma a esta instalación denominada Módulos Perpétuos. Entonces, bajo estas premisas no podemos relacionar una obra con la muerte por el solo hecho de ver estas imágenes fotográficas de los nichos en el cementerio. Sin embargo, estas cuestiones son claves para comprender el sentimiento hacia estas imágenes que han merecido una interpretación por parte de los artistas visuales que altera y elucubra su acción. Es por eso que los criterios de la estenopeica son capaces de retratarlo todo y se impregnan en la idea global de Módulos Perpétuos. Una idea que intercepta su perfil y estructura como aporte a la fotografía contemporánea pero también como acción plástica y artística que intenta modificar la percepción y análisis de la fotografía.
Hoy recalar en el devenir de estas imágenes nos inserta en la textura, diatriba, arquitectura y contexto local del cementerio N°1, lugar de una particular estética lúgubre. Este camposanto analiza por si solo lo que somos y expresamos frente a la poética de la imagen fotográfica. Bajo el juego del photoshop, estas fotografías presentan una realidad supuestamente existente pero invisible. Cruza miradas intensas que inyectan luz en los espacios, nichos y murallas que se entremezclan con las diferencias cromáticas del velado y revelado presentes en este trabajo que consta de estenopeica y nuevas técnicas de tratamiento de la imagen fotográfica. En este caso el trabajo de Vera Lutter(4) potencia cierta exteriorización, desde sus
fotografías, con la estenopeica permitiendo visualizar la pulcritud del trabajo clásico de la impresión fotográfica, así como también la disposición monumental de la arquitectura con los dispositivos escenográficos que prevalecen en el arte contemporáneo. De esos artilugios conoce bastante la propuesta de Guisela Munita(5). Su versatilidad del engranaje que une el enfoque y las situaciones retratadas, seduce su propuesta
–esta- serial e impacta la condición misma desde la fotografía, pasando por el enfoque y terminando en las formas que en ella habitan. Así Módulos Perpétuos habita en los retratos de los sin retrato y en la edificación de su inevitable e infinita reproducción. Por esto a simple vista la organización territorial del Cementerio N°1 posee, por un lado esa presencia arquitectónica monumental y, por el otro, demuestra esa singularidad cultural que nos une cuando estamos muertos. Estos nichos no se destacan por clase social, ni tampoco se encuentran diametralmente separados; están todos juntos, apilados y expuestos bajo una misma construcción. Por eso esta arquitectura que representa la imagen y la misma instalación le entrega a Módulos Perpétuos la cualidad de obra participativa. Más allá de ser testigos tácitos de Módulos Perpétuos, el trabajo de registro entre esos mausoleos y hoyos de concreto simplifican y diversifican el valor de la fotografía contemporánea. Se mal entiende que estas imágenes desvalorizan la acción del fotógrafo, no obstante las mismas irrumpen con alegorías seculares y religiosas que radican en las bases del concepto fotográfico. El fotógrafo no solo retrata ese afecto sobre la identidad de los lugares, sino que además a través de estos iconos retrata emociones con la imagen, entendiéndola como obra participativa. No ofrece objetos que mirar sino situaciones que componer o con las cuales componemos un proyecto artístico. Ello se debe a la naturaleza acabada de la obra de arte participativa, su acabado plástico supone que el espectador dé el último toque(6).
El mecanismo que trabaja esta cámara, el concepto y Módulos Perpétuos suscita una estética y atmosfera que seguirán rodeando los paradigmas de la fotografía en nuestra época.

(1) BENJAMIN, Walter, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, pag. 58. Traducción Andrés E. Weikert. Editorial Itaca Ciudad de México, México.
(2)Óleo sobre tabla, 117 cm. x 162 cm. Colección Museo del Prado, Madrid, España.
(3)Óleo sobre tela siglo XIX. Serie las postrimerías Iglesia de San Vicente Ferrer, Comuna de Las Condes, Santiago, Chile.
(4)Artista alemana nacida en 1960. Es conocida internacionalmente por sus fotografías en estenopeica que mencionan la grandiosidad arquitectónica.
(5)Fotógrafa chilena, oriunda de Valparaíso con varios premios a su haber por el aporte de su trabajo a la escena contemporánea.
(6)ARDENNE, Paul, Un Arte Contextual, pag. 122. CENDEAC, Murcia, España.

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