La experiencia que trae consigo la producción, mantenimiento y exhibición del arte y patrimonio en los museos, es en pocas palabras: un verdadero hito para el desarrollo educacional y cultural de la región. Lamentablemente en Iquique y localidades cercanas estos epicentros del conocimiento han quedado a la espera, por una parte, de las sobras de algunas autoridades y, por otra de los amparos de quienes realmente conocen el significado real de estos importantes espacios culturales.
De forma dramática, algunos hechos históricos y el coleccionismo del azar –no catalogado- han constituido parte de los recipientes museales locales. Por lo mismo, éstos no han desarrollado una dinámica que concretice y ponga en tela de juicio el valor del museo en estos tiempos.
Ya hace un tiempo expresé, por este mismo medio, lo contingente que sería para las instituciones involucradas –que son varias- analizar los factores museológicos y museográficos para la puesta en valor significativa de lo que verdaderamente puede ser museable en la región. Pero como ya sabemos, hay otras prioridades más importantes a la hora de llevar a cabo proyectos culturales.
Algunos solapados “rectores del arte y la cultura” en Tarapacá le dan un tratamiento museal a todo lo antiguo y, para peor incluyendo infundados antecedentes históricos que tienen por finalidad última llevar la marca de objeto patrimonial. Es así como algunos museos permanecen cerrados, no poseen planes educativos, de conservación preventiva, e incluso de difusión.
De esta manera, la mala catalogación de estos, la falta de profesionales –son contados con los dedos los buenos expertos- y la falta de voluntad política hacia objetos que poseen un explícito valor político, nos conducirán a una debacle cultural el día de mañana.
Los habitantes de este lugar necesitan expresar sus conocimientos y emociones dentro de la funcionalidad del museo. Al entender sus claves y conceptos les permite accionar varias actividades que aglomeran argumentos y objetivos museales.
Ni el dinero, ni las ganas de figuración pública podrán explicar y, adecuadamente, hacernos reflexionar sobre la idea del museo ideal. El museo con un plan de desarrollo sustantivo y con el convenio de las partes involucradas para su desenvolvimiento en la sociedad logrará, por si solo, difundirse y convocar a sus seguidores.
La ciencia museológica ha justificado la formación de preservar, de forma urgente, nuestra herencia cultural. Por lo tanto, la población local debe poner en tela de juicio –y sin problemas- la propiedad del museo, principalmente debido a que estos están caracterizados por una participación directa y activa de la población. Así esta en los ojos de todos la idea de reforzar la conciencia de una sociedad sobre su propia historia y la manera peculiar de atraer la identidad histórica.
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